EL ABOGADO Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

En pleno siglo XXI, la utilización de las nuevas tecnologías se presenta como un aspecto fundamental en el desarrollo de los cometidos profesionales en sus respectivos ámbitos o sectores en el presente post se abarcará cómo el abogado se enfrenta al avance de las nuevas tecnologías.


1. CAMBIOS: Los cambios económicos producidos son inmensos, sobretodo por la maquinaria que los propios abogados y los ayudantes de éstos emplean en sus despachos y oficinas para llevar a cabo una labor más sencilla y rápida; por tanto a pesar de ser una tarea simplificadora y aunque representa el mismo rasgo o carácter de monotonía, todo esto conduce a que el profesional vea atenuada su ocupación jurídica. Los procesadores de textos para la redacción de documentos diversos eran instrumentos completamente impensables 25 ó 30 años antes, en el que la máquina de escribir y los continuos errores, por parte del escribiente, se encontraban a la orden del día, pero con los medios actuales, dichas equivocaciones apenas tienen lugar. Se produce en todo caso un trabajo con menor posibilidad de comisión de errores y una mayor garantía de una labor bien realizada.


2.- CAUSAS: El surgimiento de las nuevas tecnologías es algo evidentemente ineludible, podemos estar a favor o bien contemplarlo como si se tratase de nuestro peor enemigo, pero de lo que sí estamos todos seguros, es que la persona en general y el profesional en particular, deben de ir de forma paralela con el avance de los tiempos. Se trata de una cuestión predominantemente social, más que jurídica: redes sociales en las que la gente interactúa y plantean sus problemas, redes sociales jurídicas específicas (como www.pleiteando.com ), Foros donde los propios abogados interactúan para cooperar y colaborar entre ellos en la solución de dudas, clientes que dejan ya de lado los viejos directorios telefónicos en papel y cada vez más utilizan las páginas web para buscar el profesional que más les conviene lo que ahorra tiempo y dinero son entre muchas nuevas situaciones que lejos de demonizarlas deberíamos utilizarlas eso sí siempre con la cautela de no saber con quién hablamos al otro lado de la red.


3.- REPERCUSIONES: Las consecuencias es que el abogado en principio, se encuentra en un terreno, completamente desconocido; es algo evidente, porque sabe que tiene que realizar una serie de cambios, que no solo son trascendentales para su propio desenvolvimiento, sino que contempla la dificultad de su pronta implantación en el menor tiempo posible.


4.- OBJETIVOS: Opino en este caso que el objetivo general es la consecución total de los planes que los gobiernos establecen para el impulso de la Sociedad de la Información y del Conocimiento. La actividad del derecho en modo alguno puede estar ajena a ello y se muestra un gran interés también por parte de los colegios profesionales para un mayor acercamiento entre tecnología y derecho, pretendiendo a su vez la correspondiente equiparación entre despachos pequeños, medianos y grandes, como también las alianzas de profesionales; todos deben disfrutar de las nuevas tecnologías, que no sea una materia exclusiva para los mas pudientes, entre otras cosas, no como premio que se concede, sino como elemento primordial para la llevanza a cabo de sus obligaciones laborales.

En la presente década y en las venideras, el jurista se irá enfrentando a las nuevas tecnologías con mayor seguridad. Comprendemos que su uso, puede acarrearle tal vez mayores beneficios que perjuicios (es lo que se espera, como siempre sucede en una revolución), pero todo depende del empleo que de las mismas se den. Las nuevas tecnologías no son ni buenas ni malas, es la configuración que se establece de ellas lo que convierte de cara a la sociedad el hecho, como positivo o negativo.
Pero esa seguridad de la que hago referencia es bajo mi perspectiva, el punto de inflexión al menos en una parte de las políticas de trabajo en los gabinetes jurídicos, debido a dos cuestiones diferenciables aparentemente:
A.- la labor de adecuación de cuestiones ulteriores a la inercia de la informática.

B.- la tarea de informatización de expedientes, dictámenes y demás documentación. A todos los problemas jurídicos que plantean estas nuevas herramientas se suman, desde el punto de vista del abogado, unas exigencias propias de su profesión, como son las que derivan del deber de secreto profesional y del sometimiento a las normas deontológicas. Se hace necesario, por tanto, de un lado, un entorno de seguridad que ofrezca las mismas garantías que el desempeño tradicional de la abogacía y que asegure que es abogado quien dice serlo; y de otro, una adecuada regulación que garantice el cumplimiento de las exigencias deontológicas.

Otra de las cuestiones que pueden pensarse es en términos de marketing. Muchas veces, los criterios para seleccionar abogados se basa en percepciones o intuiciones de las personas más que en los conocimientos teóricos y de la praxis jurídica propiamente dichos, con lo que la puesta en escena es verdaderamente relevante debido a que el cliente o potencial consumidor puede llegar a establecer la relación tecnología-calidad, a mayor tecnología, por tanto mayor calidad, porque es de suponer que de forma previa ha habido una fuerte inversión económica en mobiliario e instrumentos técnicos y consecuentemente esto solo podrían hacerlos aquellos con un determinado status, pero creo que esto está cambiando, que hay que ser optimistas y por tanto si existe intención como mencioné antes de igualar en medios tecnológicos tanto a despachos unipersonales como a grandes consultorías, el comentario anterior pierde razón de ser en todos los sentidos.

Es una realidad que los constantes avances tecnológicos de la sociedad provocan en los abogados, ya sea como ciudadanos, ya sea como colaboradores del servicio de Administración de Justicia, una necesidad de inserción real y concreta al fascinante mundo de las nuevas tecnologías, las cuales suponen una serie de ventajas para la profesión y la obligación de búsqueda de la Justicia y la equidad.

Sin embargo, y frente a esta postura, se alzan voces que consideran a las nuevas tecnologías como un instrumento innecesario y adictivo y acusan a las aplicaciones construidas para el aprovechamiento de las autopistas de la información como algo no necesariamente imprescindible para el ejercicio de nuestra profesión.

El mundo evoluciona a tal velocidad que corremos el riesgo de quedarnos en el pasado desde el mismo momento en que empezamos a caminar. No basta con saber que la tecnología es necesaria, hay que interiorizar esa idea y hacerla nuestra, para no quedarnos al margen de esa continua revolución que se desarrolla a nuestro alrededor.

EL MIEDO COMO HERRAMIENTA DEL PROGRESO

Existe una realidad incontrastable que viene de los confines de la historia, que implica que el ser humano tiende a hacerse fuerte en las situaciones y ante las circunstancias que le resultan cómodas. Todo ello es trasladable a cualquiera de los ámbitos de nuestra vida, en general, y al ámbito profesional, en particular. Por otra parte, el hombre ante lo novedoso, reacciona con cierta prevención, e inclusive rechazo, sobre todo si es algo que no comprende.

Para muchos abogados las nuevas tecnologías significan algo desconocido, propias de otras ramas del saber. Saben que sirven, pero no comprenden cómo funcionan, y adentrarse en ellas les parece terriblemente complicado. De tal modo que al final llegan a la conclusión de que lo que no es fácil de explicar no es atractivo y a lo poco atractivo deben acercarse lo menos posible.

Imaginar las utilidades de las nuevas tecnologías significa aceptar el esfuerzo y el sacrificio que supone dedicar tiempo a aprender su manejo y las posibilidades que ofrecen y a aceptar que a partir del momento en que se aprendan a usar todo va a cambiar, y es eso lo que retrae. Temen que la situación profesional de la que han vivido, sabiendo lo que hay que hacer en cada momento, con un modelo definido, vaya a desaparecer, y el temor a lo que pueda venir crea confusión y miedo a lo nuevo.

Estamos tranquilos sabiendo cuales son las herramientas que utilizamos, cuales son los tribunales que recorremos, cuales son los libros a los que recurrimos. Tenemos miedo a no saber, y ese miedo es peor que la propia ignorancia, porque paraliza e impide progresar, olvidando y negando que las nuevas tecnologías no significan otra cosa que evolución y progreso, y éste siempre acaba yendo en nuestro beneficio.

La cuestión es adquirir conciencia de ello.

 

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Publicado 1 noviembre 2010 por VanesaTeijeiroAbogada en Abogados

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